Qué hay la montaña?

¿Qué te gusta de la montaña?
Estar ahí.


¿Por qué escalás? ¿Hace falta llegar a la cumbre para sentir que la vida vale la pena?
Claro que no. La cumbre debería ser una guía. Cuando voy a la montaña, el objetivo es descubrirme a mi mismo, en el sentido más puro de la palabra. Quitar el velo de lo superficial y encontrarme con aspectos más profundos de mi ser, más esenciales y muchas veces más simples. También, dejarme sorprender y encantar por la naturaleza, lograr un estado de contemplación que casi siempre termina en felicidad y admiración por su belleza. Y todo esto, en comunión con mis amigos. Es tomar una clase práctica de Filosofía. Ir a la montaña también es recordar quiénes somos y lo que hemos aprendido en nuestras vidas.


Para dar un ejemplo, imaginémonos en una carpa, la noche enfría cada vez más el aire del exterior, y nuestro único abrigo es esta pequeña casita portátil que con mucho cuidado hemos armado al reparo del viento. Metidos en nuestras bolsas de dormir, lo más difícil a esta altura es eso, dormir. En nuestra cabeza se siente pesado el conflicto que tenemos por delante: ¿estaremos a la altura de lo que vamos a enfrentar en unas horas? Ya que es la primera vez que nos planteamos semejante desafío, y que el glaciar nos verá debutar con nuestros crampones, y que no conocemos el terreno que está por delante, porque a eso vinimos, a explorar, y que no sabemos como será todo en tan solo unas pocas horas, el sentimiento de incertidumbre no nos deja dormir.

Pero ¿qué podemos hacer? No mucho. Y he aquí el primer descubrimiento, la simpleza. La situación nos excede, son más las preguntas que las respuestas y las dudas nos lastiman.

¿Cuál es nuestra única herramienta? La confianza. La confianza en nosotros mismos, la confianza en Dios, la confianza en nuestros compañeros y en la Naturaleza. Y, duerma o no duerma, el Sol saldrá igual. Solo que estaré más o menos cansado. Y he aquí mi segundo recurso, la determinación. Cuando suene la alarma, todo empezará, y tendré la oportunidad de vivir un momento único. El conflicto habrá desaparecido y a partir de ese momento el velo empezará a correrse, con cada inhalación y exhalación, con cada paso y cada movimiento hacia allí, hacia arriba.

¿Qué papel juega la cumbre en todo esto? Es nuestra guía. El conflicto se resuelve gracias a que sabemos hacia donde vamos. Lleguemos o no, ahora somos protagonistas. También somos testigos y somos espectadores de nuestra propia aventura. Todos y al mismo tiempo.

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